| sereismistestigos > en espera del Papa > nuestros obispos | | |
| | ||
Carta del Sr. Arzobispo de
Toledo 20-04-2003 Queridos hermanos y hermanas de la diócesis de Toledo: Por quinta vez visitará España el Papa Juan Pablo II. Concretamente, como sabéis, los días 3 y 4 de mayo, Dios mediante, vuelve de nuevo en su infatigable servicio misionero. ¡Qué alegría tan grande y qué agradecimiento tan vivo sentimos todos! En la fragilidad de sus fuerzas ancianas y desgastadas generosamente en los duros trabajos del Evangelio, y por el gran amor que le anima, se acerca a nosotros para darnos fortaleza y alentarnos en la esperanza llena de juventud y vigor: la fortaleza de esa fe en el Dios vivo, que desborda en él, y de aquella esperanza, de la que él está siendo testigo singular para un mundo tan necesitado de ella. Juan Pablo II, en su «solicitud por todas las iglesias» como sucesor de Pedro, va a confirmar nuestra fe, a veces débil y temerosa, y a reavivar nuestra esperanza en la resurrección y en la vida eterna, tan amenazada por la cultura que nos envuelve y penetra. Como testigo valiente de Jesucristo e incansable en la labor apostólica, nos va a animar a que recobremos el vigor de una fe vivida, nos comprometamos en el combate de la fe, recorramos el camino sin retirarnos con la mirada puesta en el Señor, crucificado y glorioso, y a que anunciemos sin complejos y sin echarnos atrás a Jesucristo, Hijo del Dios vivo, el único Nombre que se nos ha dado para la salvación de los hombres, el que tiene palabras de vida eterna, la piedra angular sobre la que se puede edificar una humanidad nueva, la riqueza que ha recibido la Iglesia para que la humanidad caída se ponga en pie y camine en su dignidad adquirida con su sangre redentora. Juan Pablo II viene de nuevo a España, en Madrid, como portador de Cristo, paz y reconciliación de los hombres mediante la sangre de su Cruz, la misma Cruz que el Papa agarra con sus manos abriendo paso y haciendo camino hacia una humanidad unida y reconciliada. «¡Qué hermosos son los pies del mensajero que trae la paz!». Esa paz que sólo Cristo puede dar, y que, sin embargo, tanto necesita nuestro mundo convulso, violento y conflictivo, o que tan precisa le es a nuestro país que vive bajo la amenaza no superada aún del terrorismo y sacudida además, en las últimas semanas, por una atmósfera de división y de oscuros, pero reales, enfrentamientos. La presencia del Papa entre nosotros, testimonio de la presencia de Aquél que estará con nosotros hasta el fin de los siglos, reavivará las raíces cristianas de nuestro pueblo. Como él mismo nos dijo en la madrileña Plaza de Colón, en la que de nuevo proclamará la santidad de otros cinco hijos de España, «en nuestros días, para afrontar con decisión y esperanza el reto del futuro, este país necesita volver a sus raíces cristianas». Cuando nos advierte de esta necesidad, no debemos ignorar que, como también nos dijo él en su primera visita, «la fe cristiana y católica constituye la identidad del pueblo español». No podemos entender su historia sin el cristianismo ni podremos avanzar hacia un futuro cargado de esperanza al margen de él, excluyendo a Cristo de ella o, menos todavía, tratando de edificarla contra Él. Esperamos anhelantes, pues, sus palabras, llenas de afecto y del vigor del Espíritu, que nos repitan a nosotros las que dirigió a toda Europa desde Compostela en 1982 : «Vuelve a encontrarte. Sé tú misma; aviva tus raíces; reconstruye tu unidad espiritual. Amando vuestro pasado y purificándolo seréis fieles a vosotros mismos y capaces de abriros con originalidad al porvenir». Esperamos esas palabras suyas, que, sin duda, serán palabras llenas de luz e iluminadoras en esta hora crucial para el futuro de la fe y de la misma sociedad en España. En las palabras del Papa, en el gesto de su presencia, en el encuentro con los jóvenes o en la proclamación de cinco santos, podremos escuchar y ver el testimonio del Dios vivo, en quien no da lo mismo creer que no creer para superar la quiebra moral y de humanidad que hoy tanto y tan hondamente nos hiere. Nos animará a la esperanza, porque nos hablará desde Dios. En su mensaje de esperanza, que oímos y vemos a lo largo de todo su dilatado pontificado, toma la palabra la realidad misma incontrastable de Dios : Dios, que para la conciencia secularizada de nuestra sociedad es algo lejano, evanescente e inactivo, en el testimonio del Papa pasa al primer plano de toda la realidad como quien con su palabra y sus promesas la determina decisivamente. Por ello, deseamos que venga a nosotros, confiamos en su testimonio y su palabra que de nuevo nos diga: «La hora presente debe ser la hora del anuncio gozoso del Evangelio, la hora del renacimiento moral y espiritual. La nueva evangelización necesita nuevos testigos, personas que hayan experimentado la trasformación real de su vida en contacto con Jesucristo y sean capaces de trasmitir esa experiencia a otros. Ésta es la hora de Dios, la hora de la esperanza que no defrauda». En el Evangelio se muestra la fuerza salvadora de Dios; es Dios mismo quien nos sale al encuentro de los hombres de hoy, en nuestra quiebra de humanidad y moral, en nuestra miseria, en los retos que nos desafían en lo más profundo de nuestro ser personal y social. El Evangelio tiene así todo el futuro por delante. Ahí está en juego la vida y la muerte, ya que está en juego el futuro y la esperanza. No es casual que en esta visita a España, el Papa venga, de manera principal y especialmente significativa, a canonizar y proponer a toda la Iglesia como modelos de santidad a los Beatos Pedro Poveda, José María Rubio, Genoveva Torres, Angela de la Cruz y Maravillas de Jesús. Los santos son, de manera eminente, testigos del Dios vivo, presencia testificante de Jesucristo entre los hombres, manifestación de su rostro y de la vida nueva de las Bienaventuranzas, testimonio real y cercano de la esperanza a la que estamos llamados, hechura de Dios y de su gracia, obra acabada en quienes podemos palpar y ver la humanidad nueva obra del Espíritu. La santidad, que es seguimiento fiel de Jesucristo, no merma en nada la plenitud de nuestras vidas, al contrario, la multiplica, la ensancha hasta abrazar con nuestro amor los confines del mundo. Los santos son así luz de vida y esperanza para la sociedad. Este es el camino, el único y verdadero camino que se nos abre ante nosotros en estos años con los que comenzamos un nuevo milenio. Los santos, por ser testigos singulares de Dios, son por lo mismo testigos de la caridad que no tiene límites y de la entrega servicial a los hombres recorriendo el camino que Cristo recorrió : el camino de las Bienaventuranzas, retrato que Jesús nos dejó de sí mismo, dibujo de su rostro y descripción concreta de su infinita caridad, obra acabada de verdadera humanidad. Los santos reflejan la vida que Jesucristo mismo encarnó y vivió históricamente, aquella que los discípulos vieron con sus propios ojos y palparon con sus manos. La Iglesia santa hecha de santos dará a conocer a Jesucristo, origen y meta de una humanidad nueva y verdadera. Sólo la vida santa conduce a la experiencia viva del Evangelio del Reino de Dios; sólo con santos será creíble, visible y «seguible» el Evangelio. Una Iglesia de santos podrá renovar el mundo, reavivará la vitalidad de los cristianos y sus comunidades con capacidad para meter dentro de nuestra historia la semilla del Evangelio que hace surgir una humanidad nueva hecha de hombres y mujeres nuevos; una Iglesia de santos podrá dar esperanza a esta humanidad tan necesitada de ella. Como recuerdan los Obispos españoles con ocasión de esta visita: «La floración de santos ha sido siempre la mejor respuesta de la Iglesia a los tiempos difíciles, pues sólo una Iglesia de santos aparece nítidamente como fuente de esperanza para el mundo». Así también la Iglesia aparece con su rostro más atrayente, hermoso y joven, capaz de entusiasmar, porque se muestra como lo que es : testimonio vivo de Jesucristo, esperanza para los hombres, lleno de vida y de verdad. No es tampoco casual que en este viaje del Papa, tan rápido en duración pero tan expresivo y cargado de significado, el Papa vaya a reunirse, por voluntad suya, con los jóvenes, esperanza real, para la Iglesia y para nuestra sociedad. La voz del Pastor, anciano pero con corazón joven, va a resonar una vez más con la fuerza siempre nueva del Evangelio para recordar también, para recordaros también a vosotros, los jóvenes del Tercer Milenio, el mandato de Jesús: «Seréis mis testigos». Es una propuesta ante la cual no se puede pasar de largo. Los jóvenes de Toledo, que habéis recibido tantas bendiciones del Señor, tenéis una especial responsabilidad : Cristo os envía, como testigos suyos, Él confía en vosotros. El Señor y la Iglesia espera de los jóvenes que seáis, como os dijo el Papa en la inolvidable vigilia de Tor Vergata, «los centinelas de la mañana», testigos de la paz, de la justicia, del amor. Son muchos los hombres y mujeres que quizás inconscientemente esperan que les anunciéis a Jesucristo y que les mostréis a la Iglesia como regazo materno y cálido hogar, mesa familiar y manantial purísimo que restaura nuestras fuerzas. Este ha sido el estilo de los santos de todas las épocas. A eso sois convocados también vosotros, a ser santos. Como el Papa os ha dicho en más de una ocasión : «¡No tengáis miedo a ser santos!». Esta visita, queridos hermanos y hermanas, va a ser, sin duda alguna, un acontecimiento de gracia, un regalo de Dios al comenzar el Nuevo Milenio para fortalecer el testimonio cristiano de nuestras comunidades, un gran don de Dios que no podemos dejar pasar. No desaprovechemos este acontecimiento de salvación, esta oportunidad que el Señor nos ofrece para renovar nuestra vida cristiana y nuestro compromiso apostólico, para ser testigos de Jesucristo, testigos valientes de su Evangelio. Abrámonos a esta venida del que se acerca a nosotros en el nombre del Señor para confirmarnos y alentarnos. Acojamos al Papa con el corazón abierto de par en par, decididos con toda determinación a escuchar su palabra y ponerla en práctica sin reserva alguna, dispuestos a mostrarle todo nuestro afecto: Lo queremos de verdad, lo necesitamos y lo esperamos. El fruto de la visita dependerá también, en buena medida, de la preparación de todos, que hemos de fortalecer en los días que nos quedan : la celebración de la Semana Santa y de la Pascua puede ser una ocasión espléndida para intensificar y avivar esta preparación. Sabemos que, en muchos lugares, habéis hecho catequesis y tenido predicaciones encaminadas a preparar la visita del Papa ayudándoos de los instrumentos que ha proporcionado la Conferencia Episcopal. Sabemos, asimismo, que habéis rezado y rezáis por esta intención. Os exhortamos a que no ceséis en la oración, a que oréis insistentemente por los frutos de esta Visita del Santo Padre a nosotros. Haced vigilias de oración en las parroquias; en la Catedral, la tendremos el día 26, sábado, a las 7:30 de la tarde, abierta a toda la diócesis, y a todos, jóvenes o adultos, ancianos y niños, hombres y mujeres, sacerdotes, personas consagradas y laicos. Presentad súplicas al Señor en la oración de los fieles de cada Eucaristía, rezad el santo Rosario en familia, en comunidad o solos -pero rezadlo- también por esta intención. Ofrezcamos sacrificios que le sean agradables a Dios por el Santo Padre, por sus intenciones, por esta visita tan gozosa para todos. Aún nos quedan unos días para disponernos a este encuentro; no los desperdiciemos. Todos quedamos invitados y convocados a participar en Madrid en el encuentro con el Papa. A los jóvenes los convocamos a que participen en el encuentro que tendrá lugar en el aeródromo de Cuatro Vientos en Madrid el día 3 de mayo, así como a los otros actos organizados por el Secretariado Diocesano de Juventud. A todos, de cualquier edad o condición, os invitamos y os pedimos que os unáis a la celebración de la Eucaristía del día 4, en la plaza de Colón de Madrid, donde tendrá lugar la canonización de los cinco Beatos españoles. Haced todo lo posible por venir. Somos conscientes de los sacrificios que comporta. Pero no es lo mismo estar presente que verlo a través de la televisión. Exhortamos a los sacerdotes que animen y alienten a los fieles de sus comunidades a que se unan y vayan a Madrid para participar directamente en la celebración. Les rogamos así mismo que aumenten el número de misas el sábado por la tarde y el domingo por la tarde, y supriman, en cambio, el mayor número posible el domingo por la mañana, con el objeto de favorecer el que los fieles que no puedan desplazarse a Madrid puedan seguir la celebración del Papa retransmitida en directo por televisión. ¡Está tan cerca Toledo de Madrid!, que sería algo «extraño» el que la presencia toledana no fuese muy amplia, como se merece este acontecimiento, como se merece el Papa que, sin escatimar sacrificio ni fatiga viene a nosotros. Queridos hermanos y hermanas, informaos por vuestros sacerdotes. Ponemos todo en manos de Nuestra Señora, la Santísima Virgen María, que nos fue dada por madre por su Hijo único junto a la Cruz en prueba de ese amor infinito con que nos ha amado, y que nos muestra y entrega al fruto bendito de su bendito vientre, Jesucristo. Que Ella nos ayude para que seamos testigos de su Hijo en este mundo que nos ha tocado vivir, para que seamos santos como Ella, toda santa y llena de gracia. Que proteja y defienda a la Iglesia. Que vele siempre por el Papa, que le cuide y proteja, que le auxilie en todo a él que ha querido tener como lema suyo «Totus tuus», todo de María. Con nuestro agradecimiento y bendición para todos, vuestros Obispos + Antonio Cañizares Llovera + Juan José Asenjo Pelegrina | ||
| © Copyright, Conferencia Episcopal Española / www.sereismistestigos.com |