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Nuestras diócesis han aguardado y recibido también con ilusión, esperanza y afán renovados, esta nueva visita Apostólica del Santo Padre Juan Pablo II. En esta sección incluímos cartas de obispos de diócesis españolas en la espera, en la preparación y en la recepción de la Visita Papal.

Carta del Arzobispo de Valencia

EL PAPA CUENTA CONTIGO

11-05-2003


El viaje de Juan Pablo II a España ha sido un acontecimiento de esperanza, tanto para la Iglesia en España como para el conjunto de la sociedad. Como Vicario de Cristo en la tierra, ha repetido el mensaje esencial que la Iglesia dirige a todo hombre, a cada hombre: "tu vida es valiosa", "cuento contigo para continuar la obra de amor de Dios en este mundo, en España, en tu ciudad".

Los ciudadanos del tercer milenio vivimos con frecuencia atomizados, aislados, víctimas de nuestro individualismo. Cuando nos reunimos en grandes eventos corremos el riesgo de despersonalizarnos, de funcionar como masa, de aumentar la discordia, la crispación. El Papa nos ha regalado la posibilidad de reunirnos en un número muy elevado, con actitudes de concordia y de paz, con deseo de renovar nuestra vocación de humanidad. La visita de Juan Pablo II ha constituido un aliento en estos tiempos en los que muchas personas sufren un desencuentro, tristeza y distanciamiento.

Una vez más, el Papa nos ha hablado de la verdadera paz, y no puedo dejar de subrayar que su mensaje ha sido un gesto de paz inequívoco, sin ambigüedades. "Con intensa emoción llego de nuevo a España en mi quinto viaje apostólico a esta noble y querida nación. Saludo muy cordialmente a todos, a los que están aquí presentes y a cuantos siguen este acto a través de la radio o de la televisión, dirigiéndoles con mucho cariño las palabras del Señor Resucitado: La paz sea con vosotros".

La paz es verdadera cuando permite "la construcción de una sociedad basada en la serena convivencia y en la elevación moral y humana de cada ciudadano". De la crispación, del radicalismo, de la manipulación de las personas, de la agresividad en los gestos, de la negatividad contra todo, no nace la paz, ni se construye un nuevo orden, ni una nueva sociedad. Juan Pablo II se alegró al constatar el progreso de España para el bienestar de todos. Desde esa confianza, nos invitó a profundizarlo adecuadamente, teniendo en cuenta que "el proceso de desarrollo de una nación debe fundamentarse en valores auténticos y permanentes".

La autenticidad y la permanencia de los valores se miden en relación directa con toda persona humana, con cada persona humana. Los valores lo son si "buscan el bien de cada persona, sujeto de derechos y deberes, desde el primer instante de su existencia y acogida en la familia, y en las sucesivas etapas de su inserción y participación en la vida social".

Juan Pablo II propuso a los jóvenes el modelo de María, que "además de ser la Madre cercana, discreta y comprensiva, es la mejor Maestra para llegar al conocimiento de la verdad a través de la contemplación". Eso hace ver que "el drama de la cultura actual es la falta de interioridad, la ausencia de contemplación. Sin interioridad la cultura carece de entrañas, es como un cuerpo que no ha encontrado todavía su alma". Las consecuencias de esa falta de vida profunda son lamentables: "Cuando falta el espíritu contemplativo no se defiende la vida y se degenera todo lo humano. Sin interioridad el hombre moderno pone en peligro su misma integridad".

Recuperar la interioridad, la oración, el amor, la contemplación son caminos que el Santo Padre propone para los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Son experiencias accesibles, son caminos para la alegría. Como arzobispo vuestro, me atrevo a pedir de todo corazón que recuperemos juntos un hondo sentido de nuestro valor como personas, como hijos de Dios. Que escuchemos, en lo profundo de nuestras vidas, que Él cuenta con cada uno de nosotros. Os aseguro que no hay mejor modo de acoger el mensaje del Santo Padre en España sino interiorizarlo desde la grandeza de sentirse amado profundamente por Dios. A pesar de tus flaquezas, Dios te quiere y cuenta contigo para que influyas una corriente de amor y paz a tu alrededor.

Con mi bendición y afecto,


Agustín García-Gasco
Arzobispo de Valencia

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