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Carta del Nuncio Apostólico
en España 27-04-2003 La quinta visita apostólica del Papa Juan Pablo II a España, durante los días 3 y 4 de mayo de 2003 en Madrid, será, como afirma la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española en su Mensaje, "un acontecimiento de gracia para la Iglesia" que "acrecentará sin duda nuestra vocación y dinamismo apostólico". Y es también motivo de particular alegría, de inmenso júbilo, para todos los que vivimos y trabajamos en esta casa que es la del Santo Padre en España. Ya habíamos tenido la dicha, con ocasión de viajes anteriores, de que el Papa viviera aquí. ¡Cuántos recuerdos conservan estas paredes del espíritu de servicio, de la vida de oración, de la entrega abnegada y generosa con que Juan Pablo II sirve a Dios y a los hombres! Por eso, apenas conocida la noticia de su visita a España para la Canonización de cinco ilustres hijos de esta privilegiada tierra, con cariño y amor filial -el que todos los católicos tienen al Santo Padre -hemos llevado a cabo los trabajos necesarios para que la breve estancia del Sucesor de Pedro en la Nunciatura Apostólica, fuera lo más agradable posible. Queremos manifestarle nuestro cariño y agradecimiento también en el cuidado de los detalles materiales de la casa. Por ello se han realizado arreglos en la Capilla, en la habitación del Santo Padre, y en otras salas que se utilizarán. Hasta las Hermanas que nos atienden han elegido cuidadosamente las flores y plantas con que van a adornar los distintos espacios. Escuchar con atención y poner en práctica lo que el Santo Padre nos trasmita, hará un gran bien a todos. El nos invitará a llevar el mensaje de Cristo al mundo, como lo hicieron el sacerdote mártir Pedro Poveda Castroverde, el jesuita José María Rubio Peralta, la Madre Genoveva Torres Morales, la Madre Ángela de la Cruz y la Madre Maravillas de Jesús Pidal y Chico de Guzmán, cinco miembros de nuestra Iglesia que vivieron la caridad de forma heroica en el siglo XX y serán propuestos, por tanto, como intercesores y testigos del Señor, modelos para nuestro tiempo y para las generaciones venideras. La canonización del día 4 en la plaza de Colón, pone una vez más de relieve la intrínseca unión entre la santidad de vida y la Eucaristía, como el Santo Padre ha glosado de un modo bellísimo en su encíclica Ecclesia de Eucharistia, publicada el pasado Jueves Santo. Nos recordará que, como cristianos estamos llamados a poner a Cristo en el centro de nuestra vida y proponerlo como motor de todas nuestras actividades. Y ante el agnosticismo de la Europa postmoderna, que fácilmente puede conducir al indiferentismo que paraliza, podremos ofrecer una contribución eficaz a la construcción de un mundo más humano, impregnado del espíritu de Cristo, que es el que puede dar la verdadera paz al corazón del hombre, a las familias y a los pueblos de la tierra. Conocéis la particular predilección de Juan Pablo II por los jóvenes. No podía faltar un encuentro con ellos, en el que, con palabras semejantes a las que empleaba tanto el Domingo de Ramos como el Lunes Santo, les animará "a tener el coraje de plantearse preguntas sinceras sobre el sentido de la vida y a formarse para ser rectos y claros en el pensamiento, la acción, el respeto y el diálogo con los demás". Por último, la visita del Santo Padre nos llenará el alma de esperanza y nos ayudará a comprender y realizar cada día el lema de ésta, su quinta visita a España "Seréis mis testigos" (Hechos 1,8) Manuel
Monteiro de Castro | ||
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