| sereismistestigos > los santos > Homilía | |
|
| |
||
|
GOZO Y ACCIÓN DE GRACIAS
POR EL DON DE LA SANTIDAD
Mis queridos hermanos y hermanas en el Señor: El gozo vivido y las gracias derramadas ayer en la Canonización
de cinco santos españoles, santos de nuestra época, después
del inolvidable encuentro en Cuatro Vientos del Santo Padre con los jóvenes
-"los protagonistas de los nuevos tiempos"- nos reúne
hoy en esta Eucaristía de alabanza y gratitud al Señor Resucitado,
el Santo de los Santos, el que nos renueva Pascua tras Pascua en las raíces
más íntimas de la vocación cristiana nacida en el
sacramento del Bautismo en el que hemos muerto con Cristo "al hombre
viejo" para resucitar a la vida del "hombre nuevo" en razón
del ser cristiano. Por ello, "todos en la Iglesia, ya pertenezcan
a la jerarquía, ya sean pastoreados por ella, están llamados
a la santidad, según las palabras del Apóstol: "Porque
esta es la voluntad de Dios, vuestra santificación" (1Tes
4,3;cf. Ef 1,4)" (LG,39). En la vida de los cristianos que siguen
fiel y heroicamente a Cristo, la Iglesia florece interiormente como su
Cuerpo y Esposa y se manifiesta ante el mundo en la forma más auténtica
como "un sacramento o señal e instrumento de la íntima
unión con Dios y de la unidad de todo el género humano"
(LG 1). La Iglesia adquiere todo su vigor evangelizador cuando ofrece
a los hombres testimonios visibles de santidad. El Concilio Vaticano II
lo expresa bellamente: "Dios manifiesta a los hombres en forma viva
su presencia y su rostro en la vida de aquellos, hombres como nosotros,
que con mayor perfección se transforman en la imagen de Cristo
(cf. 2 Cor 3,18). En ellos, El mismo nos habla y nos ofrece un signo de
su Reino, hacia el cual somos poderosamente atraídos con tan gran
nube de testigos que nos cubre (cf. Heb 12,1) y con tan gran testimonio
de la verdad del Evangelio" (LG 50). Los nuevos cinco santos de la España contemporánea ¿Cómo no vamos pues a dar gracias a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo "eucarísticamente" por los nuevos cinco santos que Juan Pablo II a regalado ayer a la Iglesia y, de un modo muy próximo y significativo, a la Iglesia en España? Pedro Poveda, "el amigo fuerte de Dios", José María Rubio, "apóstol de los barrios de Madrid", Genoveva Torres, "Ángel de la soledad", Ángela de la Cruz, "la madre de los pobres", María Maravillas de Jesús, hija fidelísima de Santa Teresa de Jesús y fundadora de numerosos carmelos, han sido inscriptos en el Catálogo de los Santos para el bien de la Iglesia y de su misión evangelizadora y para la Gloria de Dios. "Ellos -nos decía el Santo Padre- supieron acoger la invitación de Jesucristo. "Seréis mis testigos" proclamándolo con su vida y con su muerte". ¿Cómo no "dejarnos interpelar por estos maravillosos ejemplos"? Se ha constatado y declarado que han vivido la perfección de la caridad en su tiempo, que es el nuestro, abrazados a la Cruz Gloriosa de Cristo. Como Santa Teresa de Jesús, tan presente en la espiritualidad de todos ellos, vieron y supieron con la sabiduría del Espíritu Santo que: "En la cruz está la vida y el consuelo. Y ella sola es camino para el cielo" (Poesías 8) Y, por ello, aprendieron a amar a sus hermanos con una generosidad y desprendimiento, con una sensibilidad tan finamente orientada a descubrir las situaciones de más abandono y menosprecio por parte de la sociedad y con tanta sinceridad y limpieza de corazón, buscando su bien integral -del alma y del cuerpo-, que cualquier creyente y aún la persona de buena fe tendrá que buscar una explicación más allá de la capacidad ética y aún religiosa del hombre; tendrá que admitir que obraban así por haberse dejado empapar por el amor del Corazón de Cristo, por haber hecho de su existencia y de sus personas lámparas de Cristo y templos del Espíritu Santo. La exhortación de Pablo a los Colosenses se plasmó prodigiosamente en sus vidas: "Y, todo lo que de palabra y de obra realicéis, sea todo en nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de Él" (Col 3,17) Constancia y testimonio de ser "luz del mundo y sal de la tierra" La Canonización de los Santos constituye en todo tiempo y espacio histórico la verificación simultánea de que, en efecto, por el don y carisma del Espíritu Santo no han faltado nunca a la Iglesia los discípulos de Jesús que han hecho verdad a través de la comunión eclesial y en medio del mundo "el ser luz del mundo y sal de la tierra" (cf. Mc 5,13); y del modo de serlo, el del seguimiento incondicional del Señor, practicado sin disimulo, no a escondidas sino en todos los ámbitos de la existencia humana, los personales y familiares, los privados y los públicos. Los santos españoles de ayer domingo no ocultaron su luz -de la Cristo- a sus contemporáneos ni en la Iglesia ni en la sociedad. Sus obras al servicio de la transmisión de la fe, de aliento de la esperanza a tantas almas necesitaban y del amor "cristiforme" que llegó a tantos menesterosos de la salud espiritual y temporal, irradiaron más allá de sus lugares de origen y de la misma España: "donde no había amor, pusieron amor y sacaron amor" (S. Juan de la Cruz, Carta 25). El "buen olor de Cristo" que se desprendía de sus vidas, se difundió en otros países y continentes; trascendió su época y -directa o indirectamente- a través de sus hijos e hijas ha llegado a nosotros, a la Iglesia del siglo XXI, con una fresca y urgente actualidad. Juan Pablo II nos ha regalado con ellos, con su canonización, ejemplos e intercesores luminosos para el itinerario pastoral de la Iglesia Universal en esta encrucijada histórica de plena aplicación espiritual del Concilio Vaticano II, impulsada decisivamente por él, y que avalan tantos signos de nueva vitalidad cristiana y apostólica en un contexto social y cultural, hondamente influido y marcado por la increencia. Las figuras de los nuevos Santos Las figuras de los nuevos Santos, que ha recibido ayer la Iglesia de
Juan Pablo II en la emocionante celebración de la Plaza de Colón
en Madrid, con sus especiales dones carismáticos y sus obras apostólicas,
vistos en la perspectiva común de la Iglesia de su tiempo, nos
ofrecen hoy la lección del primado de la vida interior y de su
fecundidad espiritual y temporal, como la resubrayaba el Papa en sus palabras
a los jóvenes en "Cuatro Vientos" Los nuevos Santos: gracia especial del Señor para la Iglesia en España Pero los nuevos santos canonizados por Juan Pablo II significan, sobre todo, una gracia especial para la Iglesia en España ante los peculiares retos pastorales con los que se encuentra en este complejo y esperanzador momento de su historia. Ellos nos confirman, en primer lugar, la vitalidad evangélica actual de los grandes caminos espirituales abiertos por el catolicismo español en la historia contemporánea de la Iglesia: han sido especialmente fecundos en el siglo XX y nos son imprescindibles en el siglo XXI, si nos proponemos seria y auténticamente la tarea de la evangelización de la sociedad española. El Papa nos los ha valorado como el patrimonio espiritual y cultural que España ha de aportar a la edificación del futuro de Europa. Y, en segundo lugar, nos aclaran con luz nueva y cercana que ese itinerario de la identificación interior con la Persona y el Misterio de Cristo sigue siendo "la vía real" para la misión: para una iglesia activa, generosa, universal y evangelizadora, en una palabra: misionera. Además, en las biografías de los nuevos Santos ha jugado, desde que eran niños, un papel decisivo el ambiente de sentida piedad y de sencillo y practicado cristianismo, presente y operante en sus familias bajo la influencia educativa de sus padres. ¡Una lección añadida, permanente y actualísima, aludida por Juan Pablo II, y que no debemos olvidar! Súplica y acción de gracias Sintiendo tan de cerca la Virgen, como nos ocurre ahora a nosotros que
celebramos esta Eucaristía de Acción de Gracias a la sombra
de su catedral de la Almudena, brotan espontáneos el gozo personal
y eclesial y los sentimientos de sincera gratitud al Señor por
los nuevos cinco Santos españoles contemporáneos; y al Papa
Juan Pablo II -¡tan de María!-, que ha tenido esa exquisita
delicadeza paternal de declararlos y definirlos santos en su tierra natal,
en el suelo de España, en ceremonia inolvidable, después
de haber invitado a sus jóvenes a mirarse en ellos. ¡Dios te salve, María, llena de gracia! |
| © Copyright, Conferencia Episcopal Española / www.sereismistestigos.com |