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| Pedro Poveda, presbítero, mártir, Pedro Poveda Castroverde nació en Linares (Jaén) el día 3 de diciembre de 1874. Allí recibió el Bautismo en la Parroquia de Santa María una semana después, y la Confirmación el 5 de abril de 1875. Fue el mayor de seis hermanos, hijos del matrimonio compuesto por don José y doña María Linarejos. Su padre era químico en una Sociedad minera y concejal del Ayuntamiento. Desde muy niño sintió atracción por el sacerdocio y, apenas cumplidos los diez años, manifestó su deseo de estudiar en el Seminario de Jaén. Tras prolongada insistencia, lo consiguió al terminar el segundo curso de Bachillerato, a condición de que hiciera a la vez los estudios eclesiásticos y los civiles. En 1893 obtuvo el título de Bachiller. En esos años aprendió a mirar con caridad a los pobres de los suburbios y a los numerosos emigrantes que trabajaban en las minas.
El comienzo de su vida sacerdotal estuvo plenamente dedicado al servicio de la Diócesis. Fue Vicesecretario del Obispo y Secretario del Gobierno Eclesiástico, Profesor y Director espiritual del Seminario, impulsó las Conferencias de San Vicente de Paúl y la Obra de la Propagación de la Fe, y organizó misiones y catequesis con los seminaristas. También se dedicó al estudio y en 1900 obtuvo el título de Licenciado en Teología. Desde 1902, a partir de la misión cuaresmal, predicada en colaboración con el capellán de la Ermita Nueva de las cuevas de Guadix, incorporó a sus actividades la de promover humana y cristianamente a estos habitantes, con paro, hambre, analfabetismo y soledad, y comenzó a establecer relaciones entre la ciudad y la periferia. Con ayudas de entidades públicas y de particulares pudo construir las “Escuelas del Sagrado Corazón de Jesús”, pagar a los maestros, dar de comer a algunos niños y crear clases nocturnas y talleres para adultos, realizando una importante tarea humanitaria, educativa y de formación profesional y cristiana en este amplio sector de la población, marginado y carente de recursos. Guadix le reconoció esta importante tarea, nombrándolo “Hijo adoptivo predilecto” y dedicándole una calle de la localidad. Ante las inevitables dificultades que también encontró, en 1905 se trasladó a Madrid con el deseo de hacer otra fundación para niños de la calle, que no fue posible. En 1906 fue nombrado canónigo de la Basílica de Santa María de Covadonga (Asturias), donde permaneció siete años. Atento siempre al entorno en que vivía por exigencia de su fe, se preocupó pronto por los peregrinos que se acercaban a la Virgen, y escribió libros para orientar su vida cristiana y su oración. En Covadonga, “mirando a la Santina”, descubrió la llamada que en adelante daría sentido a su vida: la importancia de la función social de la educación y de que los maestros estuvieran bien preparados profesionalmente, vivieran su fe de modo coherente y responsable, fueran solidarios y supieran cooperar. Tuvo la audacia de proponer un amplio plan de formación y coordinación del profesorado católico y, dispuesto siempre a “comenzar haciendo”, desde 1911 fundó Academias para estudiantes de Magisterio, Centros Pegagógicos y Revistas, germen de la Institución Teresiana. Para impulsar mejor estas fundaciones, que agrupaban a personas dedicadas a evangelizar en el mundo de la educación y de la cultura, en 1913 se trasladó a Jaén, donde fue canónigo de la Catedral, se hizo Maestro y trabajó como profesor del Seminario y de las Escuelas Normales. Allí conoció a la Sierva de Dios María Josefa Segovia, su principal colaboradora, y después primera Directora General de la Institución Teresiana. El desarrollo de esta Obra, que se amplió con nuevas Academias y Centros Pedagógicos en distintas provincias y, en 1914 en Madrid con la primera Residencia universitaria femenina de España, favoreció que la Institución Teresiana fuera reconocida civilmente en 1917 en Jaén a tenor de la vigente Ley de Asociaciones, y obtuviera aprobación eclesiástica diocesana como Asociación de seglares, según el Código de Derecho Canónico recién promulgado. Quedó constituida desde el principio como una Institución laical compleja, con un núcleo plenamente comprometido en la enterga a Jesucristo y en la misión y diversas asociaciones cooperadoras. Se acogía a la titularidad de Teresa de Jesús, “doctora y santa”, y proponía como estilo de vida el de los primeros cristianos. Atento siempre a las necesidades de su entorno, en Jaén fue también Decano de la Academia de Estudios Superiores, Director espiritual del Centro Obrero, miembro de la Junta de Reclusos y Libertos, Vocal de la Junta Provincial de Beneficencia, y socio de la Asociación de la Prensa y de la Real Sociedad de Amigos de País. En 1912 se había inscrito en la Unión Apostólica de Sacerdotes Seculares, de carácter internacional, a la que perteneció siempre. En 1921 fue nombrado capellán real, lo que le obligó a residir en Madrid. Allí recibió otras comisiones, como ser Vocal de la Junta Central contra el Analfabetismo, y se dedicó también a consolidar la Institucion Teresiana, que obtuvo aprobación pontificia en 1924 como “Pía Unión” (Asociación de Fieles), con las características de cristocentrismo, vivencia del Espiritu, marianismo y conciencia de ser lglesia. Don Pedro Poveda fue maestro de oración, pedagogo de la vida cristiana y de las relaciones entre la fe y la ciencia, y supo ofrecer su Institución para la formación integral de la mujer estudiosa. Estaba convencido de que los cristianos podían y debían aportar, a la sociedad pluralista contemporánea, enfoques, valores y compromisos sustanciales para la construcción de un mundo más justo y solidario. Con este fin promovió la presencia de hombres y mujeres de fe en los sectores públicos y privados de la sociedad. Así, colaboró con la Acción Católica como Consiliario de Padres de Familia y organizador de las Estudiantes Universitarias; fue uno de los fundadores, en 1929, de la “Federación de Amigos de la Ensenanza” (FAE); organizó Semanas pedagógicas y educativas, perteneció al Consejo de Redacción de la Revista “Atenas”; promovió planes para la creación de Escuelas en zonas rurales defavorecidas y elaboró un proyecto de Universidad católica en España, como comenzaban a existir en algunos paises europeos. Además, desde 1930 perteneció a la Hermandad del Refugio y Piedad, para atender a pobres, vagabundos y enfermos. Entre 1931 y 1936 escribió abundantemente sobre "espíritu y ciencia”, que definía como la “forma sustancial” de la Institucion Teresiana. Aunque no formaba parte de los organismos directivos de la misma, continuó promoviendo su desarrollo en los distintos ámbitos de su misión, impulsó la relación con organizaciones internacionales y la presencia en nuevos países como Chile (1928) e Italia (1934). En estos años difíciles de persecución a la Iglesia en España, instó continuamente a la no violencia. Decía: “la mansedumbre, la afababilidad, la dulzura son las virtudes que conquistan al mundo”. A la vez, su deseo de vivir la fe hasta la entrega de la propia vida si fuese necesario, manifestado en algunas ocasiones, había llegado a constituir en él una verdadera espiritualidad martirial. El 27 de julio de 1936, cuando acababa de celebrar la Eucaristía, fue detenido en su casa de la calle de La Alameda de Madrid. No ocultó su identidad ante quienes fueron a buscarlo: “Soy sacerdote de Jesucristo”. Unas horas después, al ser separado de su hermano, que le había acompañado, le dijo: “Serenidad, Carlos, se ve que el Señor, que me ha querido fundador, me quiere también mártir”. A la mañana siguiente una profesora y una joven doctora de la Institución Teresiana encontraron su cadáver junto a la capilla del cementerio de La Almudena, con signos de haber recibido disparos de bala. Sobre su pecho aparecía, atravesado, el escapulario de la Virgen del Carmen. Tenía sesenta y un años de edad. Trasladaron su cadáver a la sacramental de San Lorenzo, donde recibió sepultura el día 29. Fue beatificado por el Papa Juan Pablo II en Roma el día 10 de octubre de 1993 por sus virtudes y su martirio. Sus reliquias se encuentran en la Casa de Espiritualidad de Santa María de Los Negrales (Madrid) y su memoria litúrgica se viene celebrando el día 28 de julio. TEXTOS DE DON PEDRO POVEDA
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