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TESTIMONIOS DE LA VIGILIA

-Monja contemplativa-


Santo Padre:

Soy una monja de Belén y de la Asunción, que vive una vida de soledad según la tradición monástica de San Bruno. Tengo 25 años. Antes de ingresar en el Monasterio he vivido una fuerte experiencia de Iglesia. En varios momentos de mi camino he participado en Encuentros de jóvenes convocados por Vuestra Santidad y sus palabras han sido determinantes en mi vocación.

En ellos he descubierto que era pequeña, débil, ni por asomo mejor que los demás, pero he descubierto también que el Señor me ha elegido para vivir en la tierra lo que todos vivirán en el cielo. El Señor me ha cubierto con su mano y me ha llevado al desierto para vivir un proceso o viaje interior al corazón. Día tras día, el Señor me va despojando de las muchas capas que recubren mi verdadera identidad, mi yo profundo, mi ser de gracia.

Es un trabajo interior que a veces se presenta como un combate, para renunciar a todo lo falso que me habita y a las seducciones del mundo. Recibo la llamada a vivir un nuevo y radical nacimiento de lo alto, un nacimiento del Espíritu. En esta esperanza, cada día, cada minuto, muero con Cristo y resucito con Él. La Virgen glorificada me hace participar de su Asunción y también de su doloroso alumbramiento de las multitudes de hijos de Dios, “el resto de sus hijos”, como dice el Apocalipsis.

En lo más secreto de mi celda, y más aún, en lo más profundo de mi corazón, tienen cabida todos los hombres y mujeres del mundo, mis hermanos. Viviendo en el silencio y la soledad con Dios, siento aún más, si cabe, que no puedo disociar el Amor a Dios del amor a cada persona humana. Por eso sé con toda la certeza de la fe que estoy participando en la Nueva Evangelización, a la que Vuestra Santidad nos ha convocado, desde mi puesto en la Iglesia, con una inmensa alegría, esperando el momento en que la vida de todo hombre no sea más que alabanza eterna de Aquél que nos amó.

Muchas gracias, Santo Padre, por su testimonio de amor a Jesucristo y de entrega incondicional a la Iglesia, y por lo que este testimonio significa para mí, para mis Hermanas, para la Iglesia y para toda la humanidad.

Una monja de Belén, de la Asunción de la Virgen y de
San Bruno en el Monasterio de Sigena

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