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TESTIMONIOS DE LA VIGILIA

-Un matrimonio-


Querido Santo Padre:

Somos una familia española que le está enormemente agradecida. Hemos tenido la suerte de participar en la Jornadas Mundiales de la Juventud en Santiago de Compostela, Czestochowa, Paris y Roma en el año jubilar, y estas jornadas han marcado nuestras vidas. Comprendimos que merecía la pena ofrecer nuestra juventud a Cristo pues sólo Él da sentido a nuestra vida. Con su ejemplo, Santo Padre, hemos aprendido que se puede seguir siendo joven a pesar de la edad, del dolor y de la enfermedad.

Recordamos las palabras que dijo Tor Vergata sobre las dificultades para vivir un noviazgo cristiano. Sus palabras nos ayudaron a definir nuestro camino, conscientes de que el noviazgo es la antesala del matrimonio, y que el verdadero matrimonio es cosa de tres: Dios, el hombre y la mujer. Damos gracias a Dios por nuestra primera hija y le pedimos estar siempre abiertos a la vida a pesar de las dificultades. Que nos ayude a ser testigos, a través del matrimonio, del amor de Dios a los hombres, defendiendo y promoviendo en privado y en público el carácter sagrado del matrimonio, como unión indisoluble del hombre y la mujer, abiertos a la vida, donde el hijo no es ni una amenaza a la comodidad, ni un derecho de los padres, sino un regalo de Dios que ha de acogerse con alegría.

Gracias también, Santo Padre, por su valentía, por su lucha incansable en defensa de los derechos del hombre, en especial de los pobres, los marginados, los enfermos, los no nacidos, los moribundos, y por su lucha a favor de la paz. Nos ha hecho conscientes de que seguir a Jesucristo implica muchas veces ir contra corriente, exigiéndonos un testimonio valiente en una sociedad que a menudo vive de espaldas a Dios.

Gracias por exhortarnos a hacernos presente en la vida pública y a impregnar este mundo del espíritu del Evangelio. Gracias por animarnos a desear la santidad, la misma que mañana contemplaremos en los Beatos que serán canonizados. También nosotros deseamos ser santos, aunque experimentamos la fragilidad y el pecado. Estamos convencidos de que la gracia y el perdón de Dios son más fuertes que nuestra debilidad.

Queremos darle gracias también por toda su vida: por su dedicación a la Iglesia, por su entrega total a Jesucristo, y por su amor grande a la juventud.

Y gracias por llevarnos a María, guía segura para alcanzar a Jesucristo. También nosotros queremos decir: Totus tuus.

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